Cómo funciona el sistema electoral español

No tenemos un sistema electoral excesivamente complicado. De hecho, si lo analizamos de una forma comparada con otros países, el nuestro es de los sistemas electorales más simples que podemos encontrar en el mundo. Para que nos hagamos una idea de esto, en Alemania, por ejemplo, cada ciudadano tiene dos votos. Con uno de ellos, se vota al partido. Con el otro, a la candidatura. Esto hace que por ejemplo, un ciudadano pueda votar una lista de candidatos socialdemócratas pero también darle el apoyo a un partido conservador. Son dos sistemas en uno. El primer voto (a la candidatura) dicta un mandato directo a un determinado representante. El segundo, que es al partido, otorga una representación indirecta por parte de ese partido en las instituciones.

Otros casos. En Nueva Zelanda, los ciudadanos tienen que ordenar sus preferencias partidistas en la papeleta. En Irlanda, el voto es único pero transferible entre los miembros de las candidaturas. O en Estados Unidos, donde aprovechan las elecciones para llevar a cabo referendos sobre las leyes de los estados y hacen que las papeletas puedan ser interminables.

Por tanto, nuestro sistema electoral, ahora con razón, podemos decir que es bastante sencillo y carece de muchas complicaciones tanto a la hora de votar como de recontar los votos y asignar los escaños.

En España, el sistema electoral viene dado por los artículos 23, 68 y 69 de la Constitución, aunque en otros artículos también son mencionados algunos requisitos. Este mandato constitucional está desarrollado por la Ley Orgánica del Régimen Electoral General. Ley, que se aprobó en 1985, pero que se ha reformado en 22 ocasiones. (Si quieres ver las modificaciones, pulsa aquí).

La convocatoria electoral

Las elecciones comienzan el día en el que son convocadas por el presidente del Gobierno. A través de un Real Decreto, el Gobierno declara que las Cortes Generales -Congreso de los Diputados y Senado- quedan disueltas y señala el día en el que se celebrarán las elecciones para elegir a los nuevos miembros de las cámaras. Además, también indica el número de diputados que le corresponden a cada provincia ya que este número fluctúa según los habitantes de la misma.

Como uno de los requisitos formales de la democracia es el imperio de la ley, en el Real Decreto se señala también las normas que van a regir en todo el proceso electoral. En España, la ley que regula este proceso es la Ley Orgánica del Régimen Electoral General.

¿Por qué no valen lo mismo todos los votos?

Un hecho que casi siempre sale a la palestra en época electoral es la sobrerepresentación de las circunscripciones más pequeñas y la infrarepresentación de las más grandes. Es una de las características más notables de nuestro sistema electoral. Esto se produce debido a que la Constitución marca un número de diputados mínimo a cada provincia para así garantizar su voz en el Congreso.

Lo que en un principio es un aspecto bueno para la democracia (recuerden que la democracia no es la dictadura de la mayoría, sino la seguridad de que la minoría es escuchada) ha acabado siendo el reconocimiento de que nuestro sistema parlamentario está mal construido. He aquí la explicación:

Por norma general, en los países con entes descentralizados, léase Alemania o Estados Unidos, etc, existen dos cámaras legislativas con poderes más o menos similares. La primera o cámara baja (nuestro Congreso de los Diputados) se elige mediante criterios poblacionales. La segunda cámara o cámara alta (nuestro Senado) se elige bajo criterios territoriales. Ambas se han de contrapesar y así garantizar que tanto territorios como población dan su visto bueno.

En España esto está ideado “a la española”, es decir, deprisa y corriendo. Las dos cámaras se eligen bajo criterios territoriales y para acabar de rizar el rizo, los parlamentos de las Comunidades Autónomas designan un senador por cada millón de habitantes. ¿Al final qué tenemos? Que las dos cámaras se fijan mediante criterios poblacionales y hay comunidades que están sobre representadas y otras que no tienen la representación que les corresponde.

Esto da lugar a ese mantra archirepetido que dice que los votos no valen igual. ¿Y saben qué? ¡Tienen toda la razón! Pongamos un ejemplo: Soria con 88.600 habitantes tiene 2 diputados (88.600/2=44.300). Madrid tiene 6.661.949 habitantes, y eligen 36 diputados (6.661.949/36= 185.054,14). En el caso extremo e improbable de que fuera a votar todo el mundo, en Soria conseguirían un diputado con algo más de 44 mil votos y en Madrid tendrían que votar a un candidato más de 185 mil personas para conseguir el mismo escaño. Como no votan todos, las cifras disminuyen, pero la proporción no. Viva Soria, por cierto. Esto respecto a la deformación causada por las circunscripciones, pero ahora veremos las que causa la fórmula electoral.

¿Qué es la fórmula de la Ley d’Hont? ¿Por qué nuestro sistema electoral beneficia a los grandes partidos y perjudica a los pequeños?

La fórmula de la Ley d’Hont es un algoritmo que traduce los votos a escaños. A tantos votos, un escaño. ¡Pues no! Hay dos explicaciones a esta fórmula.

Explicación aburrida: “Es una fórmula para asignar escaños en un sistema electoral democrático proporcional que se caracteriza por la división de los votos totales obtenidos por cocientes decrecientes y asignándose los escaños a los divisores más altos”.

Explicación normal: Consiste en la fabricación de una tabla con dos variables: en las filas se colocan los partidos y sus votos, en las columnas los divisores. Así, en la primera columna aparecerán los votos totales divididos entre 1, es decir, los mismos. En la segunda columna, se dividen entre dos; en la tercera entre tres; y así sucesivamente creando tantas columnas como escaños a repartir.

Una vez hecho esto, se señalan las casillas con los números más altos. Se señalan tantas casillas como escaños haya en juego. El partido al que corresponda esa fila es el que consigue el escaño.

¿Esto es justo? Depende. Esta fórmula potencia gobiernos fuertes y estables parlamentariamente, es decir, procura que el partido que gane tiene los escaños suficientes en el Congreso de los Diputados como para dar estabilidad a la labor ejecutiva. Este sistema se eligió cuando España salía del franquismo y no había estabilidad política, precisamente. Pero sí, convendría revisarla.

Que se nos olvida: para entrar en el reparto de escaños tienes que superar la “barrera electoral”. En las elecciones generales es el 3% de los votos a nivel nacional o el 3% de los votos en las circunscripciones en las que se presente el partido. Sino se llega, no hace falta tabla. Te llevas el aplauso del público y poco más. Así es nuestro sistema electoral.

Pero volvamos al tema que nos ocupa:

Elecciones a Cortes Generales: un sistema electoral poco representativo

Las elecciones a Cortes Generales son las que se celebran para renovar el Congreso de los Diputados y el Senado.

¿Cuántos diputados se eligen?

En el caso del Congreso de los Diputados, en total se elegirán 350 diputados. La Constitución marca que esta cámara ha de estar formada por entre 300 y 400 diputados, pero la LOREG, la ley que desarrolla nuestro sistema electoral, desarrolla el artículo de la constitución quedando la composición en el punto medio de la horquilla.

¿Cuántos senadores se eligen?

En el Senado, se eligen 206 senadores. Aquí todas las provincias eligen 4 independientemente del número de personas que vivan en ellas. Madrid elige 4 y Cáceres también. Como siempre hay excepciones: las provincias insulares, cada isla o agrupación de ellas, con Cabildo o Consejo Insular, constituirá una circunscripción a efectos de elección de Senadores, correspondiendo tres a cada una de las islas mayores –Gran Canaria, Mallorca y Tenerife– y uno a cada una de las siguientes islas o agrupaciones: Ibiza-Formentera, Menorca, Fuerteventura, Gomera, Hierro, Lanzarote y La Palma. Y uno para Ceuta y otro para Melilla. Y ya está.Publicado en Sistema electoral