Los contrapesos entre los tres poderes políticos de los Estados Unidos de América

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp

Cuando ‘los padres fundadores’ diseñaron el sistema político de Estados Unidos, protegieron sus ramas de poder para que ninguna de ellas tuviera la capacidad de anular a otra y cometer un abuso de poder contra los ciudadanos estadounidenses.

Un sistema basado en los ‘checks and balances’

Las tres líneas del poder político -el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial- tienen la capacidad de contrarrestar las decisiones de las otras ramas. Este sistema de conoce como «check and balances» y está muy presente a lo largo de la historia del país norteamericano.

Ahora bien, al ser un sistema basado «en el imperio de la ley», el poder legislativo tiene una cierta capacidad superior a los otros dos poderes. Eso sí, para poder ejercer estas capacidades extraordinarias, el legislativo tiene que actuar de forma unánime, con el beneplácito de las dos cámaras que forman el Congreso de Estados Unidos, la Cámara de Representantes y el Senado.

A consecuencia de eso, la diferenciación y el reparto de competencias entre las ramas es tal que no comparten ni siquiera electores. El Congreso (el poder legislativo, formado por la Cámara de Representantes y el Senado) es elegido por sufragio universal; el presidente (poder ejecutivo, formado por el presidente y el vicepresidente) es elegido por un colegio de delegados formado por tantas personas como representantes tenga el estado en el Congreso; y la Corte Suprema, cuyos miembros son nominados por el presidente y ratificados por el Senado.

El poder ejecutivo frente al poder legislativo

Esta ‘supervisión’ es la que más se pone en práctica en el día a día político.

Una de los poderes más conocidos del presidente de Estados Unidos es el poder vetar las leyes que hayan sido aprobadas en el Congreso.

El presidente de los EE.UU. puede vetar las leyes que se aprueben en el Congreso y, además, convocar sesiones especiales por algún asunto que justifique el carácter extraordinario de la convocatoria.

A parte de esto, el vicepresidente de los EE.UU. es el presidente del Senado y, sólo en el caso de que haya empate en una votación, el vicepresidente puede votar en la cámara para deshacerlo, ya que no tiene derecho a voto. Esto hace que generalmente el vicepresidente delegue presidir las reuniones en el presidente pro témpore y este, a su vez, en un senador del grupo mayoritario.

El Congreso de Estados Unidos frente a la Presidencia

Ante el veto del presidente hacia una ley, el Congreso de los Estados Unidos puede, mediante una mayoría, levantar dicho veto y hacer que la ley entre en vigor. Además, puede investigar las acciones del presidente, no aprobar el reparto de fondos e incluso negarse a aprobar las leyes que lleguen desde la Casa Blanca.

Por su parte, el Senado puede rechazar los nombramiento del presidente para los altos cargos de la administración y no ratificar los tratados internacional que el presidente firme.

Además, el Congreso tiene el poder de poner iniciar el juicio político del presidente y destituirlo de su cargo.

El Congreso de Estados Unidos frente a la Corte Suprema

El Congreso de EE.UU. también contraresta al poder judicial. Las cámaras pueden cambiar el tamaño de los tribunales de justicia y el número de jueces que forman la Corte Suprema de Estados Unidos, el máximo órgano judicial del país.

Además, puede proponer enmiendas al texto constitucional, modificar las asignaciones y las jurisdicciones judiciales y, como hemos indicado anteriormente, rechazar en la vista del Senado a los candidatos que proponga el presidente. También tiene el poder de

El Congreso de Estados Unidos también contrarresta al poder judicial, ya que puede cambiar el tamaño de los tribunales de justicia y el número de jueces que forman la Corte Suprema de los Estados Unidos, el máximo órgano judicial. Puede también proponer enmiendas a la Constitución, rechazar los candidatos a jueces del Tribunal Supremo que proponga el presidente y procesar y destituir a los jueces federales. Igualmente, cuenta con la capacidad de modificar las jurisdicciones judiciales y el control de la asignación de éstos.

El poder judicial frente al poder legislativo

El poder judicial, a su vez, tiene control sobre el legislativo. Los tribunales (sin que tenga que ser la Corte Suprema) pueden declarar la inconstitucionalidad de las leyes. Además, de producirse el proceso de impeachment, el vicepresidente no puede presidir el Senado y su lugar lo ocuparía el presidente del Tribunal Supremo.

El poder ejecutivo frente al poder judicial

Pero Trump, como líder del ejecutivo, también puede frenar al poder judicial, ya que es el presidente quien propone al Congreso los nombramientos de los jueces federales y de los del Tribunal Supremo. Además, puede indultar a los condenados en un tribunal federal y negarse a cumplir las decisiones de la corte.

Judicial frente al ejecutivo

Por su parte, el judicial contraresta también al ejecutivo, ya que el Tribunal Supremo puede declarar inconstitucional las órdenes ejecutivas que firme Trump (como pasó con el veto en la expedición de visas para viajar a Estados Unidos), puede emitir órdenes propias y, como hemos dicho antes, el presidente del Tribunal Supremo es el encargado de presidir el Senado durante el juicio político al presidente.

Por tanto, en el proceso de destitución de Donald Trump intervendrían los tres poderes del Estado. Aunque, como hemos indicado, el Congreso, formado por la Cámara de Representantes y el Senado, tomarían gran parte del protagonismo.